El oro ha vivido un año excepcional, con más de 50 máximos históricos y un rendimiento superior al 60% a noviembre de 2025. El avance se explicó principalmente por un entorno de elevada incertidumbre geopolítica y económica, un dólar más débil, tasas de interés ligeramente menores y una fuerte demanda tanto de inversionistas como de bancos centrales. Estos factores favorecieron la búsqueda de activos refugio y la diversificación de carteras, impulsando un interés sostenido en el metal. La investigación y datos presentados corresponden al World Gold Council.
El análisis de sus impulsores muestra que el desempeño no se apoyó en un único factor, sino en un equilibrio entre riesgo e incertidumbre, menor costo de oportunidad, impulso de precios y crecimiento económico. La debilidad del dólar y la tensión geopolítica aportaron gran parte de la rentabilidad, mientras que el momentum asociado al propio repunte del oro atrajo flujos adicionales. Los bancos centrales mantuvieron compras relevantes, aunque debajo de los récords recientes, reforzando un piso estructural para el mercado.
Mirando hacia 2026 predominan expectativas macroeconómicas moderadas, pero con un trasfondo incierto. Si la actividad se enfría levemente y continúan los recortes de tasas, el oro podría sostener una trayectoria alcista moderada, apoyado por un dólar menos firme y una mayor aversión al riesgo. Un escenario de mayor desaceleración global, con tensiones geopolíticas elevadas y estímulos monetarios más agresivos, generaría un impulso aún mayor, con potencial para subidas significativas y un rol protagonista de los ETF como canal de inversión.
En contraste, si políticas económicas expansivas impulsan un crecimiento más fuerte —con reflación, inflación al alza y tasas más altas— el dólar tendería a fortalecerse y el oro perdería atractivo frente a activos con mayor rendimiento, abriendo espacio para correcciones. Esto podría derivar en salidas de ETF y menor demanda de inversión, aunque los compradores a largo plazo podrían moderar el ajuste.
