Brasil y México están entre los países de Latinoamérica con las mayores reservas de oro en los bancos centrales, lo que supone un escudo clave frente a la incertidumbre económica actual, aunque su efectividad depende de cómo se gestionen estos recursos.
El oro se constituye en un activo clave para respaldar las políticas monetarias de los bancos centrales, al mismo tiempo que brindan diversificación a sus reservas y ofrecen respaldo internacional con respecto a la estabilidad financiera.
“Las reservas de oro son una forma de tener un activo refugio en las reservas y, al mismo tiempo, no depender tanto del dólar”, dijo a Bloomberg Línea el analista financiero Gregorio Gandini. “Para productores, por supuesto, representa un mayor ingreso y algunos bancos centrales lo podrían ver como una oportunidad de vender algo de sus reservas”.
Durante el 2022, el oro estuvo retrocediendo a la baja desde la zona de los US$2.000 por onza (oz) hasta los US$1.600, pero hacia finales de ese año empezó a subir y se ha mantenido imparable.
A finales de abril, el precio del oro superó los US$3.500 por onza, anotándose un nuevo récord impulsado por los efectos de la guerra comercial.
En medio de esta incertidumbre en la economía global, los bancos centrales se volcaron a la compra de oro, demostrando su recelo a depender, en gran medida, del dólar estadounidense.
Por ejemplo, en noviembre, el Banco Popular de China (BPC, banco central) aumentó sus reservas de oro hasta un total de 72,96 millones de onzas troy, tras haberse mantenido estables desde abril.
